250
Ciudades

Ciudades para todos

QUITO DEL BUEN VIVIR

Quito del buen vivir (parte I)

Escrito por 26 Ago,2014

Por: @andresmideros


En una entrada anterior preguntaba: Quito ¿a dónde vamos?; y cerraba diciendo “es hora de organizarnos para construir el derecho a la ciudad, para hacer de Quito una ciudad para todos. Es hora de definir adónde queremos ir”. El reto, entonces, es pensar a la ciudad desde diversos espacios; y actuar, para transformarla. No se debe caer en la ingenuidad de creer que la ciudad se construye sola, tampoco que la política pública es estática o “está comprada”, menos que en la ciudad no se disputan intereses. Hay que politizar a la ciudad para transformarla. Hay que hablar de política en Quito. Este artículo es una introducción; una reflexión que intenta contextualizar el momento político de Quito, un aporte para la discusión y una invitación al diálogo.


Quito está en acefalia, no hay un proyecto de ciudad. No es culpa, únicamente, de la actual administración. La historia de la ciudad se caracteriza por pensar en el corto plazo y por privilegiar a grandes propietarios y especuladores del suelo (herencia colonial). Quienes han intentado proponer una visión de largo plazo y mayor equidad han sido atacados/as y desprestigiados/as. Con todo el simbolismo del caso vale recordar que un alcalde, aquel que después como Presidente decretó el feriado bancario, salía en hombros de la plaza de toros. Por su parte, quienes fomentaron la regularización de barrios y la democratización del espacio público sintieron el rechazo de la población. En la construcción de la opinión pública es indudable el rol que juegan los medios de comunicación en defensa de intereses económicos y de clase en la ciudad (basta revisar la cobertura, en forma y cantidad, que se da ahora y se daba hace cinco años). Pero también, vale pensar que quizá Quito (como sociedad) es más quejumbroso que progresista. Por otro lado, es posible que a quienes plantearon un proyecto de “revolución urbana” les faltó saber ilusionar a las grandes mayorías, hacer y comunicar contrapesos visibles a los interés económicos y de clase que se disputan, y diferenciar la política local de la nacional.


Quito es una sociedad heterogénea, y con bajo nivel de pertenencia; la cultura política es mínima o quizá subordinada a lo nacional (drama de capital). En este escenario, sin cohesión social por un proyecto de ciudad, el poder lo gana quien mejor aprovecha el caos (i.e. el demagogo). La actual administración, está de paso (quiere cruzar al otro lado de la plaza), no propondrá un proyecto, capitalizará obras y procesos iniciados en la anterior administración. Sin duda intentará cumplir sus ofertas de campaña, aunque sean absurdas, y dirá cumplimos. Lo hará con ayuda de los medios y una buena estrategia de comunicación, dentro un pacto (descarado) para frenar los procesos progresistas en Quito, y una apuesta (quizá equivocada) por la “restauración conservadora”. Nuevamente pesa más la política nacional. Preocupa la re-organización para defender la ciudad “eficiente” como espacio para el negocio de pocos. Aquellos que quieren que nada cambie. Pero el mayor problema es la dispersión de quienes promueven la ciudad “humana” como espacio para vivir. Para estos es tiempo de (r)evolucionar, de (re)inventarse, de (re)ilusionar.


El actual alcalde, como actor político, es insignificante para Quito (como proyecto), así como la ciudad es insignificante para él. El cargo le gusta (le sirve). A los intereses económicos y de clase que se veían afectados por la anterior administración les gusta el alcalde (les sirve). No habrán transformaciones (aquí no pasa nada, y se permite todo), incluso se retrocede (e.g. priorizar el uso del auto, no actualizar catastros, no cobrar la plusvalía, dejar pasar la especulación del suelo, reducir impuestos, centralizar la gestión). Lo que habrá son pequeñas obras (e.g. bacheo) y mucha propaganda para subir en popularidad. Quizá pintarán la ciudad de colores. Habrán propuestas, sin duda, pero desarticuladas. La participación ciudadana no pasará del discurso. La gente ni se dará cuenta. Aunque no se puede adivinar el futuro, y la presión de la sociedad (si se activa) puede generar mejores escenarios, de momento esto es lo que muestran las acciones del alcalde.


Quito (como sociedad) no responde a polarizaciones y maximalismos; está anestesiado: “hay que esperar”, “demos tiempo”, “ya veremos”, “los unos …”, “los otros …”. A este estado se llegó más por el cumulo de tensiones nacionales que por discusiones locales. De ahí que se plantea, en discurso, separar la política de la política pública, y se habla de “independencia” y de “deberse sólo al pueblo”. El escenario no puede ser mejor para el demagogo, el oportunista. Una ciudad adormecida y sin espacios propios (locales) de reflexión política es incapaz de entender los intereses de ese discurso (i.e. no hacer nada, mantener el status quo). Así se congela, se paraliza, la organización social.


Después de varias administraciones de centro-derecha (posicionadas gracias a los medios de comunicación), en Alianza País (AP) se articularon luchas populares de larga data. Son movimientos barriales y populares los que llevaron a AP a ganar la alcaldía en 2009. Pero la política nacional pesó más. El proyecto de ciudad no logró consolidar una fuerza política local, ilusionar y establecer una base popular politizada que la defienda. Ahora, en 2014, tampoco. Los actores locales están dispersos y debilitados: causa y consecuencia de que la política nacional se sigue imponiendo.


El momento plantea una responsabilidad histórica: lograr acercamientos entre fuerzas, colectivos y personas progresistas, en base a puntos comunes para la ciudad, dejando de lado sectarismos (en toda la extensión de lo que esto significa), y sobre todo sin condicionamientos desde la política nacional. Es tiempo de generar un espacio incluyente en donde la organización social y los diversos actores ciudadanos puedan construir y movilizarse en función de un proyecto para Quito. Un proyecto que busque una ciudad para todos y todas, para vivir, para el buen vivir. Es hora de establecer un espacio político progresista para Quito que, siendo parte, sea autónomo de la política nacional. Es indispensable la organización, la formación y la acción político-ciudadana para disputar el derecho a la ciudad. Es necesario generar un horizonte utópico que ilusione y movilice.

Leído 3654 veces Modificado por última vez el 21 Sep,2014
Valorar este artículo
(1 Votar)