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Pais posible

PROPUESTAS QUE CONSTRUYEN

Andres Mideros

Andres Mideros

Por: @andresmideros

 

Durante los años 2015 y 2016 el Ecuador se vio afectado por una crisis económica internacional profundizada por la caída de los pecios del petróleo, la apreciación del dólar, y el terremoto del 16 de abril de 2016. Esto provocó reducción en la cantidad y calidad del empleo y una contracción de la producción. Sin embargo ya se avizora un escenario de recuperación. Es así que la Comisión Económica para América Latina el Caribe (CEPAL) proyecta una tasa de crecimiento para el Ecuador de 0,6% en 2017. Algo más optimista es el Banco Central del Ecuador (BCE) cuya proyección es de 1,4%.

 

Para pensar el futuro y los desafíos económicos que deberá afrontar el nuevo gobierno hay que plantear las capacidades generadas en los últimos años. Ecuador ocupa el primer lugar en calidad de vías, y es de los tres países de la región con mejor infraestructura de puertos y aeropuertos, de acuerdo al Foro Económico Mundial. Se ha aumentado la eficiencia y logrado soberanía energética, ampliado la cobertura de fibra óptica y el acceso a Internet, y se han desarrollo infraestructuras de control de inundaciones y riego. Pero además, se ha duplicado la entrada de turistas, y el país se ha posicionado como destino verde líder del mundo. Estos son ejemplos de inversión en capacidades productivas, que han permitido que la economía ecuatoriana crezca por encima del promedio regional, con una tasa anual promedio de 3,4% entre 2007 y 2016; pero además mantener un nivel de desempleo por debajo de muchos países de la región, duplicar la cobertura de la seguridad social, y alcanzar un salario básico que cubre el costo de la canasta básica. No se puede pensar en mejorar la producción, sin contar con luz, agua, conectividad y logística. Pero fundamentalmente se ha invertido en capacidades humanas, ampliando y mejorando el acceso a salud y educación; y sobre todo se ha reducido la pobreza y la desigualdad. El futuro cuenta con mejor infraestructura productiva, y con generaciones más sanas, más educadas, más equitativas e incluyentes.

 

Sin embargo, no se han logrado superar limitaciones estructurales. La matriz productiva no ha cambiado. La economía sigue siendo dependiente de la extracción de recursos naturales, con los consiguientes costos ambientales y sociales, y vulnerable ante variaciones de precios internacionales. El déficit fiscal se ha incrementado, y con ello la deuda pública. La evasión y elusión de impuestos son significativas, y existen importantes capitales nacionales en el exterior. El sector privado mantiene bajos niveles de innovación y es dependiente de la importación de insumos. La estructura empresarial es familiar, con capitales cerrados. La inversión privada es baja, y la inversión pública es dependiente del precio del petróleo. El acceso a crédito es limitado y con altas tasas de interés, al tiempo que gran parte de la población se encuentra en el sector informal con condiciones inadecuadas de empleo. El presente da cuentas de una economía altamente vulnerable frente a crisis internacionales.

 

El desafío se encuentra en aprovechar las capacidades generadas para atacar los problemas estructurales. Es indispensable un pacto por la producción y el empleo, estableciendo espacios de diálogo, consulta y acción entre el Estado el sector privado y los actores de la economía popular y solidaria. Pero hay que cuidar que esto no lleve ni a meros actos simbólicos, ni a presiones por la adopción de recetas neoliberales que ya han sido negadas democráticamente. Además, se debe entender que el desafío es gestionar la transición desde un modelo “empresarial de desarrollo” inspirado en el neoliberalismo hacia uno de “economía social y solidaria” inspirado en el Buen Vivir, donde no es el producto interno bruto (PIB) lo que mide el bienestar, sino la erradicación de la pobreza, la igualdad de oportunidades y la equidad de resultados, y la ampliación libertades, con solidaridad y en armonía individual, con el ambiente y con la sociedad.

 

Cambiar la estructura económica (matriz productiva) requiere de una apuesta decidida por la generación de valor agregado, avanzando hacia una economía basada en la innovación, la ciencia y la tecnología como principal factor productivo, y estableciendo como objetivo el pleno empleo digno. No son los incentivos tributarios lo que generará mayor inversión, los incentivos ya existen pero no se utilizan. Hay que brindar estabilidad política, seguridad tributaria y simplificar trámites. Se pueden volver a pensar los incentivos productivos vinculándolos a la generación de empleo, pero además a inversiones privadas en investigación y desarrollo.

 

Es necesario definir sectores prioritarios donde se complementen las inversiones públicas con las privadas, y proteger la producción nacional tanto de la pequeña industria como de la agricultura familiar y campesina. Se debe revisar las salvaguardas sin caer en aperturismos que sean perjudiciales para la economía nacional. Hay que dar paso a inversión extranjera, en condiciones que garanticen la generación de empleo, la transferencia de tecnología y la reinversión de la riqueza generada. Es indispensable fortalecer la dolarización, y para esto se debe limitar la salida de divisas, controlar las importaciones, fomentar las exportaciones, y ampliar la entrada de divisas fortaleciendo sectores donde se tienen altas potencialidades como el turismo.

 

El cambio de la matriz productiva debe direccionarse hacia salir de la dependencia en la explotación de recursos naturales. Hay que salir del extractivismo, y fomentar responsabilidad social y ambiental en la producción y el consumo. El aumento de la productividad debe mejorar la distribución en favor del trabajo por sobre el capital; y garantizar la inclusión de sectores de la economía popular y solidaria. Es necesario direccionar recursos hacia el fortalecimiento de emprendimientos solidarios mediante el acceso preferente a la compra pública, el acceso a mercados privados y a crédito en condiciones preferenciales. Es necesario direccionar recursos e inversión hacia los territorios con menor dinamismo económico a través del sistema financiero popular y solidario. Hay que apostar por el fortalecimiento del agro, mediante el acceso a tierra, tecnología, circuitos de comercialización, y establecer políticas claras para la soberanía alimentaria.

 

Por otro lado, se debe lograr sostenibilidad en las finanzas públicas. Es indispensable renegociar la deuda externa, tanto en plazos como en tasa de interés. Para esto hay que dar señales a los mercados internacionales en el corto plazo, pero priorizar la construcción de nuevos mecanismos financieros regionales, como el Banco del Sur, a mediano plazo. Es necesario ampliar el uso de mecanismos de dinero electrónico que permitan aumentar la velocidad de circulación del dinero. Además, se debe potenciar el uso privado de las infraestructuras públicas construidas, para lograr los retornos esperados de esas inversiones. Y revisar las empresas públicas, definiendo con claridad el rol del Estado en la gestión de sectores estratégicos, y buscando coparticipación privada y comunitaria en ciencia y tecnología, y en otros sectores donde la participación pública no sea indispensable.

 

Junto al pacto productivo se deben establecer pactos sociales, fiscales y ambientales, que den prioridad a la inversión social, la conservación ambiental, y el mantenimiento de infraestructuras productivas. Es indispensable, para una economía ética, erradicar la corrupción, la evasión y elusión fiscal, y la salida de riqueza. Hay que revisar los impuestos y subsidios, sin caer en presiones doctrinarias de reducción de tributos, para mejorar la progresividad, la focalización de subsidios, y la recaudación. El rol redistribuidor del Estado en fundamental para lograr equidad y justicia social, garantizando la sostenibilidad y calidad de los servicios públicos.

 

La última década deja al país transformado, con capacidades que no se lograron construir en toda la historia republicana, pero aún vulnerable a las crisis propias de un modelo económico basado en la especulación financiera y comercial. El futuro es de oportunidad para alcanzar un nuevo modelo económico que reunifique a la economía con la sociedad, que logre la inclusión de todos los sectores, que se base en el trabajo y no en la especulación del capital, que construya una economía con ética, solidaridad y justicia. Para que esto pase es indispensable construir un pacto de unidad nacional, un proyecto común, y para ello hay que generar confianza.

 

Ver versión publicada en Kafeinta.tv (30 de abril de 2017): http://www.kafeina.tv/desafios-economicos-del-nuevo-gobierno/

Elecciones 2017

21 Feb,2017

Por @andresmideros

 

La elección de Presidente de la República que se dio el pasado 19 de febrero marca un hito en la historia política del Ecuador. Después de años de inestabilidad política y económica, en 2007 llegó a la Presidencia el economista Rafael Correa Delgado, quien ha sido la figura indiscutible de la última década en el Ecuador, y forma parte de los gobiernos progresistas en la región. La ausencia de Correa en la papeleta electoral genera de por si un cambio significativo en la política nacional. A eso se suma, que la elección se da en un contexto de recesión económica generada por la crisis económica internacional, la caída del precio del petróleo, y la apreciación del dólar, lo que afecta la balanza de pagos ecuatoriana, de manera particular por ser una economía dolarizada. Además, se da en medio de denuncias de corrupción varias de ellas vinculadas a contratos con la Constructora Odebrecht. Un cuarto factor, es la buscada de recuperar el poder político por parte de tendencias conservadoras en toda la región.

 

No es de sorprender entonces que la oposición se haya aglutinado alrededor de candidaturas que representan a sectores conservadores. Los dos candidatos con mayores posibilidades fueron el ex banquero Guillermo Lasso, y la representante del Partido Social Cristiano, vinculado a las cámaras de comercio, Cynthia Viteri. Aprovechando el contexto señalado, su campaña se basó en el desprestigio al actual Gobierno, y a establecer medidas de la vieja receta neoliberal que toman nuevos tintes demagógicos incluyendo: eliminación de impuestos, reducción del tamaño del Estado, flexibilización laboral, e incluso privatización de servicios públicos. Por su parte, el candidato oficialista, el ex vicepresidente Lenin Moreno, ha planteado la campaña desde generar continuidad a los logros de la llamada “Revolución Ciudadana” (reducción del desempleo, construcción de infraestructura, carreteras, puertos, aeropuertos, centrales hidroeléctricas, proyectos multipropósitos de agua para riego y control de inundaciones, reducción del desempleo y la desigualdad, aumento del salario básico, duplicación de la cobertura de la seguridad social, universalización de la educación básica, reducción de la pobreza en más 1,9 millones de persona, entre otros). Pero planteando un cambio de estilo en cuanto a ampliar espacios de diálogo, brindar incentivos al empleo juvenil, hacer "una cirugia mayor" a la corrupción y dar prioridad a políticas de protección social enfocadas en la primera infancia, adultos mayores, personas con discapacidad, reducción del déficit de vivienda, y erradicación de la pobreza extrema. Ninguna candidatura ha dejado de lado la generación de empleo, las diferencias se dan en los modelos a seguir.

 

A la fecha, con el 91,1% de las actas de juntas electorales escrutadas el candidato Lenin Moreno gana la primera vuelta con el 39,07% de los votos válidos, seguido por el ex banquero Guillermo Lasso con el 28,42% de los votos. Una diferencia cercana a un millón de votos válidos (en un universo de 12,8 millones de electores). De esta manera cumple el primero de dos requisitos para ganar la elección presidencial, el tener una ventaja de más del 10% de votos válidos. Sin embargo, parece que no se alcanzará el segundo requisito que es el de tener el 40% de votos válidos. La elección además incluye a la Asamblea Nacional donde el partido oficialista, Alianza PAIS, alcanzaría la mayoría de escaños, y una consulta popular promovida por el actual presidente para prohibir que personas que tengan cuentas en paraísos fiscales (como es el caso del candidato Lasso) puedan ejercer cargos públicos. En la que con el 55,8% de actas contabilizada, gana la propuesta con el 54,49% de los votos válidos. De esta manera se constituye un triunfo de la candidatura de Moreno, del movimiento Alianza PAIS y del Presidente Correa.

 

Sin embargo, el Consejo Nacional Electoral ha indicado que los resultados oficiales se tendrán en los próximos días. Existe una aparente demora en la contabilización de actas debido a impugnaciones realizadas por los diferentes partidos políticos, así como a inconsistencias de algunas actas especialmente provenientes de zonas rurales, donde triunfa el candidato Moreno. En este escenario la candidata Viteri anticipó su apoyo a Guillermo Lasso, y este ha llamado a manifestaciones en las afueras del Consejo Nacional Electoral, cercando el lugar siguiendo el estilo de las derechas regionales, e intentando posicionar la idea de que en el caso que se llegue al 40% de votos válidos a favor de Moreno se trataría de fraude electoral. Manifestaciones que auspiciadas por el candidato vicepresidencial de Lasso, Andrés Paéz, ya han generado actos de violencia.

 

En el caso de que Lenín Moreno logre el 40% de votos válidos y gane la presidencia sin ir a segunda vuelta deberá enfrentar un escenario de división política y social. En caso de ir a segunda vuelta contra el candidato Lasso requerirá del apoyo de sectores de la población desencantados con el proceso político de la “Revolución Ciudadana” para poder alcanzar la mayoría de votos. Mientras la oposición simplifica las cifras al señalar que todos quienes no votaron por Moreno están en contra de él, y vacía la idea de cambio en una campaña sin política (propuesta, debate, ideología) dónde prevalece la “guerra de memes” y la estrategia del escándalo para ganar quitando votos.

 

Quien quiera ganar la elección y legitimar el triunfo, ya sea en primera o segunda vuelta, deberá tener la capacidad de conectar con la ciudadanía. En ese escenario Guillermo Lasso tiene límites, ya que no logra conectar con los sectores populares, por su agenda neoliberal, su falta de carisma, porque se lo recuerda por su responsabilidad en la crisis financiera de 1999, y por el rechazo a su candidato a la vicepresidencia Andrés Paéz quién está vinculado a denuncias de corrupción, así como a la promoción de manifestaciones violentas. Su fuerte sería aglutinar el voto de rechazo al actual gobierno. Por su parte, la ventaja la tiene Lenín Moreno si brinda señales contundentes para concretar la voluntad que ha expresado de enfrentar las denuncias de corrupción (incluyendo a las que involucran a su candidato a la vicepresidencia Jorge Glas) y logre acercarse a sectores que anteriormente se alejaron del actual gobierno, y demandan cambios, recuperando agendas progresistas de organizaciones sociales, derechos de la naturaleza, derechos sexuales y reproductivos, igualdad de género, economía popular y solidaria, pueblos y nacionalidades indígenas, montubios y afroecuatorianos, pero además planteando un pacto claro con sectores productivos, comerciales e industriales, para gobernar un país diverso.


Ver versión actualizada publicada en Kafeina.tv (2 de marzo de 2017): http://www.kafeina.tv/segunda-vuelta-esta-juego/

Por @andresmideros

 

En la campaña electoral se ha vaciado a la política. El debate de ideas, ideologías y programas es reemplazado por propaganda y “guerra de memes”. Los mensajes se simplifican y las mentiras logran impunidad. No es de sorprender que los debates entre candidatos no generen ningún efecto. Entonces, es fundamental dar un espacio para reflexionar con un poco más detalle sobre las propuestas y falacias que se presentan en la contienda electoral. La decisión que tomaremos en las urnas el domingo de 19 de febrero es transcendental para toda la sociedad. A la larga, la improvisación hace daño.

 

La campaña del escándalo, que no es otra cosa que espectáculos montados para ganar quitando votos, no ayudan a solucionar los problemas que pretenden denunciar. Así se deja huérfana a la demanda que se hace de “cero tolerancia” a la corrupción, de fiscalizar el uso de las rentas del petróleo desde el “boom” que se dio en 1972 y hasta la actualidad, pero además de los contratos de infraestructura y gestión de sectores estratégicos desde los años 70s, así como de otros males vinculados como la evasión fiscal, la “sucretización de la deuda” y el salvataje bancario; porque en todo eso se perdieron recursos para mejorar la calidad de vida en el Ecuador. La corrupción en todas sus manifestaciones frena el desarrollo, pero como estrategia de propaganda electoral hace más daño que beneficio. Cambiar por cambiar no ha sido y no será la solución.

 

La principal preocupación de la ciudadanía se centra en la economía y el empleo. En el trasfondo está el debate, sin consensos, sobre los roles del Estado, el mercado y la sociedad. Los candidatos de oposición plantean sus posturas económicas y de empleo dejando de lado a la sociedad. No proponen ninguna política social. Piensan un modelo donde manda el mercado, la gran empresa privada (y sus Cámaras) y la banca. No es de sorprender ya que representan a esos sectores. Su propuesta no es nueva, fue predominante desde el retorno a la democracia con los gobiernos de Osvaldo Hurtado, León Febres Cordero, Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, Jamil Mahuad y Lucio Gutierrez. Un “modelo empresarial” de desarrollo. Hay que preguntarse: ¿cuáles fueron los logros de estos gobiernos?, o cómo en algún momento se preguntó, y parece que ya se olvidó: ¿Quién jodió al país?

 

No es menor, porque la historia importa, recordar la “sucretización” de la deuda, la represión y los desaparecidos, la privatización de empresas públicas e incluso el intento de privatizar al IESS, la desregularización de la banca, la Ley de Garantía de Depósitos y el salvataje bancario, las cartas de intención firmadas con el FMI. Recordar, para comparar distintas crisis económicas, que para 1999 más de la mitad de ecuatorianos eran pobres. Eso pasa cuándo se cree que la economía se separa de la sociedad, y que el mercado puede actuar en impunidad.

 

El eje de las propuestas de oposición es la generación de “un millón de empleos”, la “eliminación de impuestos”, y la “privatización” de servicios públicos como la salud (mediante una “zona franca” señala la propuesta). La receta es la que se promovía a través del “Consenso de Washington” en los años 80s y 90s. Se parte de suponer que el incentivo para producir es la maximización de las ganancias (así enseñaban en las facultades de economía), dejando de lado el fin último que es la satisfacción de necesidades humanas y la reproducción de la vida. En esta lógica se plantea que reducir impuestos amplía el margen de ganancias y entonces atrae mayores inversiones, y con ellas se genera empleo. No importa que la reducción de impuestos significa menos recursos públicos (más de USD 3.000 millones según la propuesta) y que la reducción beneficia más a quienes más tienen (aumentando la, ya elevada, desigualdad). Los impuestos son ingresos permanentes del Estado (no financian inversiones, sino gasto corriente) que deberán ajustarse en menos servicios de salud, educación, seguridad, bienestar social que a la larga deberá pagar la ciudadanía, comprándolos al sector privado. Eso sin contar la destrucción de empleos en esos sectores. Es decir menor bienestar general, por buscar mayor rentabilidad empresarial. De la mano, y así lo plantea la oposición, viene la flexibilización laboral. Nuevamente, se deja de lado al ser humano al considerarlo un insumo más en el proceso productivo. Entonces, la empresa debe poder contratar y despedir trabajadores libremente, como si se tratara del alquiler de una maquinaria. El ambiente, en el olvido, es otro factor de producción; lo ideal es reducir costos. Por su lado, las privatizaciones asumen que el mercado es eficiente para proveer la salud y la educación, al evitar costos innecesarios y generar ganancias. El resultado es servicios diferenciados de acuerdo a la capacidad de pago de cada persona, y entonces servicios “pobres” para “pobres”.

 

El problema puede no ser de mala fe. Las propuestas responden a los intereses que representan los candidatos: empresarios y banqueros. Las propuestas responden a una visión de la economía que se centra en un modelo de producir para acumular ganancias, y que se desmarca del desarrollo social (lo deja a la caridad). Se olvida que a todos nos conviene que a todos nos vaya bien, no sólo a unos pocos. La alternativa es un modelo que logre unir la economía y la sociedad, encontrándolas en el trabajo digno. Para esto es fundamental seguir generando capacidades, y usarlas, que el Estado invierta en vivienda digna, en salud y educación, en desarrollo infantil, en seguridad, en la garantía de servicios básicos, en seguridad social, en erradicar la pobreza extrema, en infraestructura productiva, en crédito, en ciencia y tecnología, que los incentivos productivos se centren en el empleo y el emprendimiento de jóvenes y organizaciones de la economía popular y solidaria. Así se permite que la economía se desarrolle, con mayores capacidades, con emprendimiento, con mayor consumo, con responsabilidad ambiental, con justicia social. Es necesario generar círculos virtuosos entre la economía y el desarrollo social, y para ello hay que superar las visiones que se centran en la búsqueda de ganancias de corto plazo, cuyo costo es la pobreza y la degradación ambiental. Vale reflexionar, aprender de la historia, y superar la propaganda antes de ir a votar.

 

Ver versión publicada en Kafeina.tv (14 de febrero de 2017): http://www.kafeina.tv/empleo-economia-sociedad/

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