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Pais posible

PROPUESTAS QUE CONSTRUYEN

Una reflexión diez años después de los “forajidos”

Escrito por 19 Abr,2015

Por: @andresmideros


El capitalismo ha llevado a la humanidad a un estado de crisis, trastocando los valores. Fracasó sin embargo, y en buena hora, en lograr “el fin de la historia”, el pensamiento único, la resignación al mundo en que vivimos, en hacer que olvidemos que el mundo actual es fruto y construcción de un proceso histórico y social, de imposición de “vencedores” sobre “vencidos”. Fracasó en convencernos que “el dinero es más importante que la vida”; fracasó porque los últimos años están cargados de indignación. Indignación que llevó al surgimiento de gobiernos progresistas de izquierda en América del Sur, y ahora en la Europa del Sur.


En Ecuador, 10 años atrás se escuchó el grito de “fuera todos”. El pueblo ecuatoriano, indignado, salió a las calles como “forajidos” a exigir que nos devuelvan el Estado, que nos dejen de mentir. Salió a decir que el poder es del pueblo, y no de unos pocos acomodados. Hace 10 años fue el detonante de luchas sociales por derechos campesinos, de mujeres, de pueblos indígenas y afros, de indignación con la corrupción. Hace 10 años se gritó “ya basta” a la sucretización de la deuda de Osvaldo Hurtado, a los escuadrones volantes y los “desaparecidos” de Febres-Cordero, al “ven para mearte” de Nebot, a los privilegios para la oligarquía y el olvido al pueblo, al feriado bancario de Mahuad y Guillermo Lasso, a la mentira y traición de Lucio Gutiérrez y compañía.


Esa indignación permitió, lo que antes no era posible: unir, ilusionar, construir un nuevo proyecto de sociedad; una nueva Constitución que funde una Patria para todos y todas. Hace 10 años se encendió la llama para construir un nuevo Ecuador, altivo y soberano, incluyente, con oportunidades y derechos para todos y todas, no para unos pocos privilegiados. Se dio un cambio de época, cambió la vida de las personas. Ahora, se construye un nuevo país, se transforman estructuras; eso toma tiempo. Se está cambiando un Estado y una sociedad que como herencia de la colonia mantiene prácticas patriarcales, corruptas y racistas. Se está cambiando una economía capitalista que excluye y empobrece por una economía social y solidaría que incluye y (re)distribuye. Se está cambiando una sociedad a la que se le dijo que la libertad es la del mercado, que cada persona compre y venda lo quiera (como si todo, hasta la vida, fuera una mercancía; y como si todos tuviéramos las mismas oportunidades; no se pensaba redistribuir para competir en igualdad), por una sociedad en la que entendamos que la libertad de uno empieza junto a la de los demás, dónde se entiende que mientras una persona no cuente con las oportunidades y los medios para una vida digna, toda la sociedad es pobre. Los logros, a la fecha, son muchos e innegables; los pendientes, las tensiones y las contradicciones también; el camino es el adecuado, se lo puede mejorar. No me voy a detener en eso ahora, pero salga y vea: el país ya cambió, no es el que teníamos hace 10 años.


Hace 10 años, se los sacó, se fueron, pero no del todo. Ahora, cuando se habla de “restauración conservadora”se habla de esos personajes y de esas prácticas que buscan regresar. ¿Dónde están?… en todos lados. Esa no es la pregunta de fondo. Pensemos que al caricaturizar el término o ubicarlo en un lado u otro, el juego se lo hacemos al pasado. Al recordar y reflexionar sobre los 10 años de la “rebelión de los forajidos” hay que pensar si se quiere volver a ese pasado del que logramos liberarnos.


La memoria es frágil, y más cuando se aplaude a quienes “no les interesa la historia”, a quienes dicen “las ideologías no importan”, a los que señalan que “no es un tema de izquierdas o derechas”. Discurso que pretende que nada cambie (de derechas), para tratar de minimizar las luchas por cambiar el mundo (de izquierdas). Reduciendo, es la lucha por no cambiar la economía, la sociedad, la política, el ambiente… que triunfe el capital, el dinero. Ahí no importa la ideología, ni la historia. Y es que la “restauración conservadora” (permítaseme usar el término) aprovecha la fragilidad de la memoria, el tiempo (que siempre desgasta), y las tensiones y contradicciones propias de la política; pero además aprovecha los logros alcanzando que permiten que la llamada “clase media” aumente y mejore, que no vea ahora el riesgo de empobrecimiento; la manipulan para que se “sienta” oligarquía, y que defienda intereses que muchas veces no son los suyos. Que frágil es la memoria, y que terrible es olvidar la historia. Así se aprovechan (las derechas) para decir que no importa la política (las ideologías) y que dejemos de reflexionar; y buscan, con éxito en algunos casos, convencer con “nuevos” políticos lights de mil colores (tampoco me detendré en esto ahora, pero salga y vea los resultados de “votar sin ideología”), o con viejos políticos (de feriados bancarios y escuadrones volantes) que ahora dicen ser los mayores defensores de derechos.


¿Las ideologías importan? … ¡claro que importan! ¿La historia importa? … ¡claro que importa! La historia enseña errores y aciertos, y explica porque estamos donde estamos. La ideología, la política, señala a dónde queremos ir. Las ilusiones nos movilizan. A 10 años de ese momento de indignación, de “forajidos”, hay que reflexionar sobre el país que se construye, los logros y los pendientes, las tensiones y contradicciones, los riesgos y amenazas, el pasado que quiere volver porque nos olvidamos de lo que era. A 10 años de haber dicho “fuera todos”, es importante regresar la mirada para entender los cambios logrados, y claro para reflexionar sobre lo que falta, lo que hay que corregir, lo que hay que profundizar.

Leído 4653 veces Modificado por última vez el 07 Jul,2016
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