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Pais posible

PROPUESTAS QUE CONSTRUYEN

Empleo, economía, ¿y la sociedad?

Escrito por 15 Feb,2017

Por @andresmideros

 

En la campaña electoral se ha vaciado a la política. El debate de ideas, ideologías y programas es reemplazado por propaganda y “guerra de memes”. Los mensajes se simplifican y las mentiras logran impunidad. No es de sorprender que los debates entre candidatos no generen ningún efecto. Entonces, es fundamental dar un espacio para reflexionar con un poco más detalle sobre las propuestas y falacias que se presentan en la contienda electoral. La decisión que tomaremos en las urnas el domingo de 19 de febrero es transcendental para toda la sociedad. A la larga, la improvisación hace daño.

 

La campaña del escándalo, que no es otra cosa que espectáculos montados para ganar quitando votos, no ayudan a solucionar los problemas que pretenden denunciar. Así se deja huérfana a la demanda que se hace de “cero tolerancia” a la corrupción, de fiscalizar el uso de las rentas del petróleo desde el “boom” que se dio en 1972 y hasta la actualidad, pero además de los contratos de infraestructura y gestión de sectores estratégicos desde los años 70s, así como de otros males vinculados como la evasión fiscal, la “sucretización de la deuda” y el salvataje bancario; porque en todo eso se perdieron recursos para mejorar la calidad de vida en el Ecuador. La corrupción en todas sus manifestaciones frena el desarrollo, pero como estrategia de propaganda electoral hace más daño que beneficio. Cambiar por cambiar no ha sido y no será la solución.

 

La principal preocupación de la ciudadanía se centra en la economía y el empleo. En el trasfondo está el debate, sin consensos, sobre los roles del Estado, el mercado y la sociedad. Los candidatos de oposición plantean sus posturas económicas y de empleo dejando de lado a la sociedad. No proponen ninguna política social. Piensan un modelo donde manda el mercado, la gran empresa privada (y sus Cámaras) y la banca. No es de sorprender ya que representan a esos sectores. Su propuesta no es nueva, fue predominante desde el retorno a la democracia con los gobiernos de Osvaldo Hurtado, León Febres Cordero, Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, Jamil Mahuad y Lucio Gutierrez. Un “modelo empresarial” de desarrollo. Hay que preguntarse: ¿cuáles fueron los logros de estos gobiernos?, o cómo en algún momento se preguntó, y parece que ya se olvidó: ¿Quién jodió al país?

 

No es menor, porque la historia importa, recordar la “sucretización” de la deuda, la represión y los desaparecidos, la privatización de empresas públicas e incluso el intento de privatizar al IESS, la desregularización de la banca, la Ley de Garantía de Depósitos y el salvataje bancario, las cartas de intención firmadas con el FMI. Recordar, para comparar distintas crisis económicas, que para 1999 más de la mitad de ecuatorianos eran pobres. Eso pasa cuándo se cree que la economía se separa de la sociedad, y que el mercado puede actuar en impunidad.

 

El eje de las propuestas de oposición es la generación de “un millón de empleos”, la “eliminación de impuestos”, y la “privatización” de servicios públicos como la salud (mediante una “zona franca” señala la propuesta). La receta es la que se promovía a través del “Consenso de Washington” en los años 80s y 90s. Se parte de suponer que el incentivo para producir es la maximización de las ganancias (así enseñaban en las facultades de economía), dejando de lado el fin último que es la satisfacción de necesidades humanas y la reproducción de la vida. En esta lógica se plantea que reducir impuestos amplía el margen de ganancias y entonces atrae mayores inversiones, y con ellas se genera empleo. No importa que la reducción de impuestos significa menos recursos públicos (más de USD 3.000 millones según la propuesta) y que la reducción beneficia más a quienes más tienen (aumentando la, ya elevada, desigualdad). Los impuestos son ingresos permanentes del Estado (no financian inversiones, sino gasto corriente) que deberán ajustarse en menos servicios de salud, educación, seguridad, bienestar social que a la larga deberá pagar la ciudadanía, comprándolos al sector privado. Eso sin contar la destrucción de empleos en esos sectores. Es decir menor bienestar general, por buscar mayor rentabilidad empresarial. De la mano, y así lo plantea la oposición, viene la flexibilización laboral. Nuevamente, se deja de lado al ser humano al considerarlo un insumo más en el proceso productivo. Entonces, la empresa debe poder contratar y despedir trabajadores libremente, como si se tratara del alquiler de una maquinaria. El ambiente, en el olvido, es otro factor de producción; lo ideal es reducir costos. Por su lado, las privatizaciones asumen que el mercado es eficiente para proveer la salud y la educación, al evitar costos innecesarios y generar ganancias. El resultado es servicios diferenciados de acuerdo a la capacidad de pago de cada persona, y entonces servicios “pobres” para “pobres”.

 

El problema puede no ser de mala fe. Las propuestas responden a los intereses que representan los candidatos: empresarios y banqueros. Las propuestas responden a una visión de la economía que se centra en un modelo de producir para acumular ganancias, y que se desmarca del desarrollo social (lo deja a la caridad). Se olvida que a todos nos conviene que a todos nos vaya bien, no sólo a unos pocos. La alternativa es un modelo que logre unir la economía y la sociedad, encontrándolas en el trabajo digno. Para esto es fundamental seguir generando capacidades, y usarlas, que el Estado invierta en vivienda digna, en salud y educación, en desarrollo infantil, en seguridad, en la garantía de servicios básicos, en seguridad social, en erradicar la pobreza extrema, en infraestructura productiva, en crédito, en ciencia y tecnología, que los incentivos productivos se centren en el empleo y el emprendimiento de jóvenes y organizaciones de la economía popular y solidaria. Así se permite que la economía se desarrolle, con mayores capacidades, con emprendimiento, con mayor consumo, con responsabilidad ambiental, con justicia social. Es necesario generar círculos virtuosos entre la economía y el desarrollo social, y para ello hay que superar las visiones que se centran en la búsqueda de ganancias de corto plazo, cuyo costo es la pobreza y la degradación ambiental. Vale reflexionar, aprender de la historia, y superar la propaganda antes de ir a votar.

 

Ver versión publicada en Kafeina.tv (14 de febrero de 2017): http://www.kafeina.tv/empleo-economia-sociedad/

Leído 1190 veces Modificado por última vez el 15 Feb,2017
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