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PROPUESTAS QUE CONSTRUYEN

Ecuador: Capacidades, crisis y oportunidades

Escrito por 10 May,2017

Por: @andresmideros

 

Durante los años 2015 y 2016 el Ecuador se vio afectado por una crisis económica internacional profundizada por la caída de los pecios del petróleo, la apreciación del dólar, y el terremoto del 16 de abril de 2016. Esto provocó reducción en la cantidad y calidad del empleo y una contracción de la producción. Sin embargo ya se avizora un escenario de recuperación. Es así que la Comisión Económica para América Latina el Caribe (CEPAL) proyecta una tasa de crecimiento para el Ecuador de 0,6% en 2017. Algo más optimista es el Banco Central del Ecuador (BCE) cuya proyección es de 1,4%.

 

Para pensar el futuro y los desafíos económicos que deberá afrontar el nuevo gobierno hay que plantear las capacidades generadas en los últimos años. Ecuador ocupa el primer lugar en calidad de vías, y es de los tres países de la región con mejor infraestructura de puertos y aeropuertos, de acuerdo al Foro Económico Mundial. Se ha aumentado la eficiencia y logrado soberanía energética, ampliado la cobertura de fibra óptica y el acceso a Internet, y se han desarrollo infraestructuras de control de inundaciones y riego. Pero además, se ha duplicado la entrada de turistas, y el país se ha posicionado como destino verde líder del mundo. Estos son ejemplos de inversión en capacidades productivas, que han permitido que la economía ecuatoriana crezca por encima del promedio regional, con una tasa anual promedio de 3,4% entre 2007 y 2016; pero además mantener un nivel de desempleo por debajo de muchos países de la región, duplicar la cobertura de la seguridad social, y alcanzar un salario básico que cubre el costo de la canasta básica. No se puede pensar en mejorar la producción, sin contar con luz, agua, conectividad y logística. Pero fundamentalmente se ha invertido en capacidades humanas, ampliando y mejorando el acceso a salud y educación; y sobre todo se ha reducido la pobreza y la desigualdad. El futuro cuenta con mejor infraestructura productiva, y con generaciones más sanas, más educadas, más equitativas e incluyentes.

 

Sin embargo, no se han logrado superar limitaciones estructurales. La matriz productiva no ha cambiado. La economía sigue siendo dependiente de la extracción de recursos naturales, con los consiguientes costos ambientales y sociales, y vulnerable ante variaciones de precios internacionales. El déficit fiscal se ha incrementado, y con ello la deuda pública. La evasión y elusión de impuestos son significativas, y existen importantes capitales nacionales en el exterior. El sector privado mantiene bajos niveles de innovación y es dependiente de la importación de insumos. La estructura empresarial es familiar, con capitales cerrados. La inversión privada es baja, y la inversión pública es dependiente del precio del petróleo. El acceso a crédito es limitado y con altas tasas de interés, al tiempo que gran parte de la población se encuentra en el sector informal con condiciones inadecuadas de empleo. El presente da cuentas de una economía altamente vulnerable frente a crisis internacionales.

 

El desafío se encuentra en aprovechar las capacidades generadas para atacar los problemas estructurales. Es indispensable un pacto por la producción y el empleo, estableciendo espacios de diálogo, consulta y acción entre el Estado el sector privado y los actores de la economía popular y solidaria. Pero hay que cuidar que esto no lleve ni a meros actos simbólicos, ni a presiones por la adopción de recetas neoliberales que ya han sido negadas democráticamente. Además, se debe entender que el desafío es gestionar la transición desde un modelo “empresarial de desarrollo” inspirado en el neoliberalismo hacia uno de “economía social y solidaria” inspirado en el Buen Vivir, donde no es el producto interno bruto (PIB) lo que mide el bienestar, sino la erradicación de la pobreza, la igualdad de oportunidades y la equidad de resultados, y la ampliación libertades, con solidaridad y en armonía individual, con el ambiente y con la sociedad.

 

Cambiar la estructura económica (matriz productiva) requiere de una apuesta decidida por la generación de valor agregado, avanzando hacia una economía basada en la innovación, la ciencia y la tecnología como principal factor productivo, y estableciendo como objetivo el pleno empleo digno. No son los incentivos tributarios lo que generará mayor inversión, los incentivos ya existen pero no se utilizan. Hay que brindar estabilidad política, seguridad tributaria y simplificar trámites. Se pueden volver a pensar los incentivos productivos vinculándolos a la generación de empleo, pero además a inversiones privadas en investigación y desarrollo.

 

Es necesario definir sectores prioritarios donde se complementen las inversiones públicas con las privadas, y proteger la producción nacional tanto de la pequeña industria como de la agricultura familiar y campesina. Se debe revisar las salvaguardas sin caer en aperturismos que sean perjudiciales para la economía nacional. Hay que dar paso a inversión extranjera, en condiciones que garanticen la generación de empleo, la transferencia de tecnología y la reinversión de la riqueza generada. Es indispensable fortalecer la dolarización, y para esto se debe limitar la salida de divisas, controlar las importaciones, fomentar las exportaciones, y ampliar la entrada de divisas fortaleciendo sectores donde se tienen altas potencialidades como el turismo.

 

El cambio de la matriz productiva debe direccionarse hacia salir de la dependencia en la explotación de recursos naturales. Hay que salir del extractivismo, y fomentar responsabilidad social y ambiental en la producción y el consumo. El aumento de la productividad debe mejorar la distribución en favor del trabajo por sobre el capital; y garantizar la inclusión de sectores de la economía popular y solidaria. Es necesario direccionar recursos hacia el fortalecimiento de emprendimientos solidarios mediante el acceso preferente a la compra pública, el acceso a mercados privados y a crédito en condiciones preferenciales. Es necesario direccionar recursos e inversión hacia los territorios con menor dinamismo económico a través del sistema financiero popular y solidario. Hay que apostar por el fortalecimiento del agro, mediante el acceso a tierra, tecnología, circuitos de comercialización, y establecer políticas claras para la soberanía alimentaria.

 

Por otro lado, se debe lograr sostenibilidad en las finanzas públicas. Es indispensable renegociar la deuda externa, tanto en plazos como en tasa de interés. Para esto hay que dar señales a los mercados internacionales en el corto plazo, pero priorizar la construcción de nuevos mecanismos financieros regionales, como el Banco del Sur, a mediano plazo. Es necesario ampliar el uso de mecanismos de dinero electrónico que permitan aumentar la velocidad de circulación del dinero. Además, se debe potenciar el uso privado de las infraestructuras públicas construidas, para lograr los retornos esperados de esas inversiones. Y revisar las empresas públicas, definiendo con claridad el rol del Estado en la gestión de sectores estratégicos, y buscando coparticipación privada y comunitaria en ciencia y tecnología, y en otros sectores donde la participación pública no sea indispensable.

 

Junto al pacto productivo se deben establecer pactos sociales, fiscales y ambientales, que den prioridad a la inversión social, la conservación ambiental, y el mantenimiento de infraestructuras productivas. Es indispensable, para una economía ética, erradicar la corrupción, la evasión y elusión fiscal, y la salida de riqueza. Hay que revisar los impuestos y subsidios, sin caer en presiones doctrinarias de reducción de tributos, para mejorar la progresividad, la focalización de subsidios, y la recaudación. El rol redistribuidor del Estado en fundamental para lograr equidad y justicia social, garantizando la sostenibilidad y calidad de los servicios públicos.

 

La última década deja al país transformado, con capacidades que no se lograron construir en toda la historia republicana, pero aún vulnerable a las crisis propias de un modelo económico basado en la especulación financiera y comercial. El futuro es de oportunidad para alcanzar un nuevo modelo económico que reunifique a la economía con la sociedad, que logre la inclusión de todos los sectores, que se base en el trabajo y no en la especulación del capital, que construya una economía con ética, solidaridad y justicia. Para que esto pase es indispensable construir un pacto de unidad nacional, un proyecto común, y para ello hay que generar confianza.

 

Ver versión publicada en Kafeinta.tv (30 de abril de 2017): http://www.kafeina.tv/desafios-economicos-del-nuevo-gobierno/

Leído 1719 veces Modificado por última vez el 06 Ago,2018
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