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Pais posible

PROPUESTAS QUE CONSTRUYEN

Andres Mideros

Andres Mideros

Por @andresmideros

 

En la campaña electoral se ha vaciado a la política. El debate de ideas, ideologías y programas es reemplazado por propaganda y “guerra de memes”. Los mensajes se simplifican y las mentiras logran impunidad. No es de sorprender que los debates entre candidatos no generen ningún efecto. Entonces, es fundamental dar un espacio para reflexionar con un poco más detalle sobre las propuestas y falacias que se presentan en la contienda electoral. La decisión que tomaremos en las urnas el domingo de 19 de febrero es transcendental para toda la sociedad. A la larga, la improvisación hace daño.

 

La campaña del escándalo, que no es otra cosa que espectáculos montados para ganar quitando votos, no ayudan a solucionar los problemas que pretenden denunciar. Así se deja huérfana a la demanda que se hace de “cero tolerancia” a la corrupción, de fiscalizar el uso de las rentas del petróleo desde el “boom” que se dio en 1972 y hasta la actualidad, pero además de los contratos de infraestructura y gestión de sectores estratégicos desde los años 70s, así como de otros males vinculados como la evasión fiscal, la “sucretización de la deuda” y el salvataje bancario; porque en todo eso se perdieron recursos para mejorar la calidad de vida en el Ecuador. La corrupción en todas sus manifestaciones frena el desarrollo, pero como estrategia de propaganda electoral hace más daño que beneficio. Cambiar por cambiar no ha sido y no será la solución.

 

La principal preocupación de la ciudadanía se centra en la economía y el empleo. En el trasfondo está el debate, sin consensos, sobre los roles del Estado, el mercado y la sociedad. Los candidatos de oposición plantean sus posturas económicas y de empleo dejando de lado a la sociedad. No proponen ninguna política social. Piensan un modelo donde manda el mercado, la gran empresa privada (y sus Cámaras) y la banca. No es de sorprender ya que representan a esos sectores. Su propuesta no es nueva, fue predominante desde el retorno a la democracia con los gobiernos de Osvaldo Hurtado, León Febres Cordero, Rodrigo Borja, Sixto Durán Ballén, Jamil Mahuad y Lucio Gutierrez. Un “modelo empresarial” de desarrollo. Hay que preguntarse: ¿cuáles fueron los logros de estos gobiernos?, o cómo en algún momento se preguntó, y parece que ya se olvidó: ¿Quién jodió al país?

 

No es menor, porque la historia importa, recordar la “sucretización” de la deuda, la represión y los desaparecidos, la privatización de empresas públicas e incluso el intento de privatizar al IESS, la desregularización de la banca, la Ley de Garantía de Depósitos y el salvataje bancario, las cartas de intención firmadas con el FMI. Recordar, para comparar distintas crisis económicas, que para 1999 más de la mitad de ecuatorianos eran pobres. Eso pasa cuándo se cree que la economía se separa de la sociedad, y que el mercado puede actuar en impunidad.

 

El eje de las propuestas de oposición es la generación de “un millón de empleos”, la “eliminación de impuestos”, y la “privatización” de servicios públicos como la salud (mediante una “zona franca” señala la propuesta). La receta es la que se promovía a través del “Consenso de Washington” en los años 80s y 90s. Se parte de suponer que el incentivo para producir es la maximización de las ganancias (así enseñaban en las facultades de economía), dejando de lado el fin último que es la satisfacción de necesidades humanas y la reproducción de la vida. En esta lógica se plantea que reducir impuestos amplía el margen de ganancias y entonces atrae mayores inversiones, y con ellas se genera empleo. No importa que la reducción de impuestos significa menos recursos públicos (más de USD 3.000 millones según la propuesta) y que la reducción beneficia más a quienes más tienen (aumentando la, ya elevada, desigualdad). Los impuestos son ingresos permanentes del Estado (no financian inversiones, sino gasto corriente) que deberán ajustarse en menos servicios de salud, educación, seguridad, bienestar social que a la larga deberá pagar la ciudadanía, comprándolos al sector privado. Eso sin contar la destrucción de empleos en esos sectores. Es decir menor bienestar general, por buscar mayor rentabilidad empresarial. De la mano, y así lo plantea la oposición, viene la flexibilización laboral. Nuevamente, se deja de lado al ser humano al considerarlo un insumo más en el proceso productivo. Entonces, la empresa debe poder contratar y despedir trabajadores libremente, como si se tratara del alquiler de una maquinaria. El ambiente, en el olvido, es otro factor de producción; lo ideal es reducir costos. Por su lado, las privatizaciones asumen que el mercado es eficiente para proveer la salud y la educación, al evitar costos innecesarios y generar ganancias. El resultado es servicios diferenciados de acuerdo a la capacidad de pago de cada persona, y entonces servicios “pobres” para “pobres”.

 

El problema puede no ser de mala fe. Las propuestas responden a los intereses que representan los candidatos: empresarios y banqueros. Las propuestas responden a una visión de la economía que se centra en un modelo de producir para acumular ganancias, y que se desmarca del desarrollo social (lo deja a la caridad). Se olvida que a todos nos conviene que a todos nos vaya bien, no sólo a unos pocos. La alternativa es un modelo que logre unir la economía y la sociedad, encontrándolas en el trabajo digno. Para esto es fundamental seguir generando capacidades, y usarlas, que el Estado invierta en vivienda digna, en salud y educación, en desarrollo infantil, en seguridad, en la garantía de servicios básicos, en seguridad social, en erradicar la pobreza extrema, en infraestructura productiva, en crédito, en ciencia y tecnología, que los incentivos productivos se centren en el empleo y el emprendimiento de jóvenes y organizaciones de la economía popular y solidaria. Así se permite que la economía se desarrolle, con mayores capacidades, con emprendimiento, con mayor consumo, con responsabilidad ambiental, con justicia social. Es necesario generar círculos virtuosos entre la economía y el desarrollo social, y para ello hay que superar las visiones que se centran en la búsqueda de ganancias de corto plazo, cuyo costo es la pobreza y la degradación ambiental. Vale reflexionar, aprender de la historia, y superar la propaganda antes de ir a votar.

 

Ver versión publicada en Kafeina.tv (14 de febrero de 2017): http://www.kafeina.tv/empleo-economia-sociedad/

Por @andresmideros

 

Los candidatos a la presidencia para el próximo 19 de febrero han estado en búsqueda de binomio y de alianzas; unos suman y otros pierden. En la agenda está la conformación de listas para la Asamblea Nacional, en eso se concretan las alianzas que han hecho la mayor parte de candidatos y en el caso de AP sus propias disputas internas. La prioridad está en cerrar listas y buscar “unidades” (para cerrar filas), dejando al margen el generar contenidos. En este escenario poco se ha dicho sobre propuesta concretas para el país; y vale señalar que los borradores de “programas de gobierno” que circulan no son una buena carta de presentación (hay que esperar a los programas oficiales para comentarlos).

 

Las estrategias “comunicacionales” parecen centrarse en “demostrar” cuál es la peor de las opciones, generando opinión de desprestigio (como que “los políticos” no estuvieran ya suficientemente desacreditados en el imaginario colectivo). Un mal que tenemos hace tiempo, que pretende reemplazar a la política por el marketing, al debate por la propaganda, al programa por las encuestas, y al discurso por el meme de Internet. Lejos estamos de recuperar a la política para discutir los grandes objetivos nacionales. El “consumismo” se está tomando las elecciones. Al marketing le conviene apelar a sentimientos maximalistas (todo bien, o todo mal), aprovechando que el voto no es racional. Poco se ha hecho para generar un voto reflexivo, y motivar el debate de ideas y la movilización social. Hay que superar el estado de debate de “ya ganamos, ya lo hicimos” y el de “todo mal, mejor todo lo contrario, si podemos vivir mejor”. Ambos discursos se han quedado vacíos.

 

¿Los binomios son un “disparo al pie”?

 

Las derechas cierran filas junto a la banca. El ex-banquero Guillermo Lasso apuesta a Andrés Páez (ex I.D.) dejando a Quito fuera de su papeleta (no es mayor problema, el problema es que lo había ofrecido), y mejora las opciones de subir apoyos al General Moncayo. En CREO, Lasso es caudillo con la propuesta en desmontarlo todo, cerrar la Senescyt, la Senplades, bajar impuestos, “libertad” de elegir entre seguridad social y seguros privados. Receta conocida de los años 80s y 90s. En alianzas ha logrado el apoyo de SUMA de Mauricio Rodas, a cambio del primer lugar en la lista de asambleístas (algo que la I.D. no quiso cederles, ya que es el puesto -merecido- de Wilma Andrade); también tiene el apoyo de Paúl Carrasco (otro ex I.D., que estaba en negociaciones previas con la “Unidad” de Jaime Nebot). Personas cercanas a Lasso han mostrado lo peor de las derechas: el miedo de que gobiernen los “muertos de hambre”, y la importancia de “una buena primera dama”. Por su parte, Cynthia Viteri se va quedando sola (ya le pasó en 2006) y bajando en encuestas; el último rompimiento de la “Unidad” de Jaime Nebot ha sido con Ramiro González (ex I.D.) y su movimiento AVANZA (que creó siendo ministro del Gobierno de A.P.). En propuestas se repite bajar impuestos. En binomio se acerca al sector bancario de la sierra, donde suenan Rodrigo Paz (ex D.P.) y Mauricio Pozo (ex Ministro de Lucio Gutierrez).

 

El General Moncayo ha mostrado habilidad para las alianzas. Sin ser miembro de la I.D. logró ser su candidato y sumar al Acuerdo Nacional por el Cambio (con ex MPD, unos de Pachakutik, ex Socialistas, ex Alianza País). No logró la alianza (que buscó) con SUMA y Mauricio Rodas (porque algo debía quedar en candidaturas para quienes formalmente son I.D). Consiguió el apoyo de Jimmy Jairala y su Centro Democrático (duro golpe para Alianza PAiS). El binomio lo propone Jairala: el banquero Mario Canessa (o su delegado). Las propuestas también las pone Jairala: bajar impuestos, la alianza del pacífico, negociar con el Banco Mundial, abrirse a la banca extranjera. Es tan amplió el abanico de alianzas que cualquier cosa podría salir de ahí. Al momento, con la declaración del General Moncayo de apoyar a cualquiera (es decir a Guillermo Lasso o Cynthia Viteri) en segunda vuelta, las propuestas de Jairala, un potencial binomio de la banca, la historia de gestión que tiene (junto a Andrés Vallejo de la I.D.) del Municipio de Quito vía Corporaciones y Empresas (“autónomas”) lo alejan de la idea de un programa “progresista”. En alianzas nunca es claro, pero la balanza de Moncayo se pone en derechas hasta el momento.

 

Lenín Moreno, candidato de Alianza PAiS (AP), tiene como binomio a Jorge Glas. El binomio es una apuesta de AP por la “unidad” interna, que frente a la tendencia de continuidad del proyecto de cambio que representa Moreno, representa la tendencia del continuismo. Y poco atrae a otros sectores progresistas, lo que coincide con una caída en las encuestas y por ende en la posibilidad de ganar en primera vuelta. Además, se han hecho públicos casos de corrupción como los de Petroecuador, y se posicionan en la opinión pública otras dudas vinculadas a la gestión de sectores estratégicos y de la comunicación, principalmente. En las alianzas se ha perdido el apoyo del Centro Democrático, y se mantienen movimientos indígenas de la sierra centro, algunos socialistas, el partido comunista y otras organizaciones dentro del Frente Unidos. A la fecha, no hay nuevas alianzas formales; si hay organizaciones sociales que desde afuera y más allá de AP se organizan para apoyar la candidatura de Lenín Moreno. La agenda del candidato se ha centrado en reuniones previamente organizadas para consolidar los apoyos internos. La principal apuesta ha sido marcar un nuevo estilo de Gobierno, abriendo diálogo con todos los sectores, reconociendo (y partiendo de) el cambio histórico que han significado los últimos diez años para el Ecuador, pero marcando distancia al señalar por ejemplo que hay cosas que mejorar. Como propuestas concretas ha planteado apoyo mediante financiamiento y asistencia técnica a emprendimientos juveniles, y universalizar la seguridad social para adultos mayores. Como en los otros casos, no se conocen detalles.

 

Hasta este 18 de noviembre se espera la inscripción formal de los binomios y las listas para asambleístas, así como la presentación de programas de gobierno. Es esto último lo que requiere mayor atención. El desempleo y la crisis económica es la principal preocupación de la ciudadanía. Sobre esto hay que dar claridades en los programas de gobierno: acceso a crédito, inversión privada, tratados comerciales, política fiscal (impuestos e incentivos), generación de empleo directo, derechos laborales, seguridad social. Las acciones en este frente marcarán las diferencias, sobre apostar por recetas neoliberales en favor de las grandes empresas (el capital), o por dar impulso a economías populares y solidarias y a una mejor (re)distribución de la riqueza. Pero también en otros aspectos, entre los que destacó al rol de la política social, y la visión frente a la garantía de derechos desde el Estado (salud, educación, vivienda, primera infancia, adultos mayores, juventudes, inclusión económica, seguridad social), y como articular la política social con la fiscal y la ambiental. Además, se debe aclarar la visión de sociedad que se propone y cómo trabajar en demandas legítimas de expansión de derechos y de igualdad (matrimonio igualitario, despenalización del aborto en casos de violación, igualdad de género, étnica y de discapacidades). Y finalmente, la posición frente a la corrupción. La ética, la fiscalización y la lucha contra la corrupción (en todos los niveles públicos y privados) deben estar más allá de cualquier pacto, no es algo negociable.

Por @andresmideros

 

El próximo 19 de febrero se elegirá nuevo Presidente de la República, así como asambleístas para el poder legislativo. Toma relevancia la elección presidencial toda vez que será el término de un ciclo de 10 años liderado por Rafael Correa Delgado. Esta semana marca un primer hito hacia las elecciones. El tiempo de las definiciones internas de movimientos y partidos, así como de sus alianzas y pactos. Como está organizado el proceso democrático electoral, lo primero que se debe lograr es ser candidato, después ganar las elecciones, y finalmente gobernar. Cada momento tiene lógicas, disputas y tensiones particulares. En todos se van definiendo los programas, y los apoyos.


De las candidaturas de Dalo Bucaram (por Fuerza Ecuador, el “nuevo” PRE) y de Washington Pesantez (por Unión Ecuatoriana) no hay mucho que decir, candidatos de ambiciones personales con bajo apoyo según las encuestas. Está pendiente el resultado de las conversaciones entre Álvaro Noboa (de Adelante Ecuatoriano Adelante, el “nuevo” PRIAN, y ex candidato del PRE) y el derrocado Lucio Gutierrez (del Partido Sociedad Patriótica, PSP), que pueden caer en una “nueva” candidatura de ambición personal, o apoyar a las candidaturas de derechas. También pendiente la definición de Centro Democrático (de Jimmy Jairala) de ir con candidato propio por el centro del espacio político, apoyar a la Lenín Moreno desde el Frente Unidos, o apoyar a otro candidato (difícilmente a Chyntia Viteri o Guillermo Lasso). Sin duda un interesante aliado para cualquiera.


Entre quienes tienen opciones. Por derechas Guillermo Lasso (candidato por CREO, ex banquero, y ex Ministro de Jamil Mahuad) es segundo en las encuestas, con un discurso de desmontar todo lo hecho durante el gobierno de Rafael Correa, es el extremo que quiere cambiarlo todo, porque todo está mal, y viene a refundar la patria. Es quizá la mejor opción electoral para las derechas (aunque ni Nebot ni las derechas de la sierra llegan a acuerdos con él; por algo será, se conocen) y seguro tendrá un bloque importante en la Asamblea Nacional, suficiente para negociar con poderes económicos. Sin embargo, la mejor opción para las derechas convencidas es Cynthia Viteri (bajo la tutela de Jaime Nebot, y la sombra de León Febres Cordero) trae de vuelta al Partido Social Cristiano; y Nebot la hace candidata por “La Unidad” recordándonos la política de palos y golpes, junto a sus nuevos aliados de AVANZA (de Ramiro Gonzaléz, ex ID y ex Presidente del IESS durante el actual Gobierno) y del Movimiento Concertación (de César Montufar). Si se da segunda vuelta, lo más seguro es que a Lenín Moreno le toque competir contra un candidato de derechas (Lasso con más opción al momento). Que ganen las derechas es peligroso para continuar el cambio hacia el progresismo, pensemos en Argentina. Sin duda las derechas (entre CREO, PSC y sus aliados) lograrán un bloque importante en la Asamblea, peligroso también para mantener políticas progresistas, pensemos en Brasil.

 

Por la ambigüedad del centro, Paco Moncayo consolida su estrategia desde el “Acuerdo Nacional por el Cambio”. Logró la candidatura por la “nueva” Izquierda Democrática (ID), después de que Jefferson Pérez dejó de ser opción, Paúl Carrasco se derechizó, y María Paula Romo (“nueva” afiliada de la ID, superando el febres-borjismo que se criticó en el pasado) no tuvo los apoyos necesarios. Moncayo con la ID bajo el brazo (a la cual nunca se ha afiliado), y caminando junto a Wilma Andrade, logró los apoyos de Lourdes Tibán (precandidata por Pachakutik) y Lenín Hurtado (precandidato por el Movimiento Popular Democrático, MPD). Se podría decir que así se le fue lo “nueva” a la ID, pero mejoró sus opciones. Se espera el resultado de sus negociaciones con SUMA de Mauricio Rodas y Guillermo Celi, para saber si mejora opciones cediendo lo de “izquierda”, o no. En todo caso Moncayo está escogiendo quienes se suben a su camioneta. Enrique Ayala Mora y Mery Zamora también están, entre otros/as.

 

Por su parte, Alianza PAiS (AP) confirmó lo evidente, la razón no pide fuerza: Lenín Moreno como candidato a la presidencia. No sólo porque lidera las preferencias ciudadana y las encuestas, sino además porque cuenta con el mayor liderazgo, después de Rafael Correa, del movimiento político al que representa. Un movimiento (nunca partido) que ha pasado por un momento de intensa (para muchos/as molesta) disputa interna (sin debates explícitos, ni públicos) para pensarse más allá de Rafael Correa (sujeto histórico de cambio), y de diez años en el Gobierno. AP es un movimiento que aglutina diversas tendencias, y debe partir por reconocerse como tal para que las disputas sean menos molestas, con más debates y más abiertos. Eso permitiría incluir. Lenín Moreno planteó su regreso al país y aceptó la candidatura con “la mano tendida” para dialogar con todos los sectores (de la sociedad) en función de los grandes objetivos nacionales, reconociendo el cambio logrado en los últimos años así como la necesidad de profundizarlo y de dar paso a correcciones que sean necesarias. Se plantea así un candidato que representa a los sectores más progresistas. El binomio, también sin sorpresas, se confirma en Jorge Glass. De esta manera AP apuesta a un acuerdo interno de unidad para ser "más fuertes". Se pretende así consolidar el “voto duro” de AP (El Presidente indicó que es del 38%, que con buena campaña da para ganar en primera vuelta). Parece que hasta el momento se ha visto para adentro, para definir binomio. Falta oficializar las listas para la Asamblea Nacional, y de esa manera los equilibrios de las tendencias. Es momento de mirar hacia afuera para ganar las elecciones, con claridad en las expectativas y demandas de la ciudadanía; y sabiendo que la conformación del binomio y de las listas de asambleístas traerá tanto beneficios como costos, y que en ningún caso el “voto duro” es suficiente para ganar. Se debe incluir, y tener claro a quienes se quiere incluir. Asumir que es a las derechas a quienes se debe vencer, no por PAiS sino por el país.

 

Finalmente, los ausentes en la definición de candidaturas han sido las organizaciones sociales. Si se prefiere, la sociedad organizada más allá de movimientos y partidos. Son la base del poder popular y la democracia radical. Es entender la democracia más allá de elecciones, y lo público más allá de lo Estatal. La democracia netamente representativa está agotada, y los movimientos y partidos en ningún caso sustituyen a la organización autónoma de ciudadanos y ciudadanas. No se puede profundizar un proceso de cambio progresista negando la importancia de la organización social. Los siguientes momentos (ganar las elecciones y conformar gobierno) dependerán en gran medida de cómo se mira a estos sectores. La “mano tendida al diálogo” de Lenín Moreno, su capacidad de hablar sin tecnicismos y bajo el sol, con la camisa blanca, y su compromiso con la inclusión da esperanza.

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