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The lodge

Pais posible

PROPUESTAS QUE CONSTRUYEN

Andres Mideros

Andres Mideros

Por: @andresmideros


El 19 de febrero de 2017 se realizarán las elecciones de Presidente/a y asambleístas. Con la aprobación de las enmiendas constitucionales, en diciembre del año pasado, Rafael Correa podrá volver a ser Presidente, pero después de que pasen las próximas elecciones. Aparecen los candidatos. Sin sorpresa se presentan Guillermo Lasso, ‘Dalo’ Bucaram y Lucio Gutierrez. Jaime Nebot espera ser la cabeza que una a las derechas, y propone a Cynthia Viteri nuevamente; Paúl Carrasco hace su juego y Mauricio Rodas se esconde. Los intereses de la derecha son simples, los une, pero sus ambiciones son muy complejas. Las izquierdas fuera del Gobierno tienen un dilema coyuntural, el candidato, y otro estructural: ¿jugarán a la derecha hipotecando sus principios?, ¿buscarán una alianza de movimientos y tendencias de izquierdas y progresistas?, ¿la buscarán junto con Alianza PAIS (AP)?, ¿buscará AP un Frente Amplio con nuevos actores? La izquierda se une por principios. La cancha la marcará quien sea candidato de Alianza PAIS. Se sigue promocionado a Jorge Glas. Por otro lado, se intenta parar los pedidos de candidatura y las muestras explícitas de apoyo a Lenín Moreno; a quien, además, las encuestas muestran como el mejor de los candidatos. El terremoto también afecto el escenario político, así como la crisis económica. Nada está resuelto.


Más que nombres (que con la excepción de C. Viteri, son todos de hombres) hay que pensar el programa que el país necesita y el perfil de Presidente/a para cumplirlo. Alianza PAIS realizó convenciones ideológicas a nivel nacional. Qué bien ha hecho la política del diálogo. Hasta junio se esperaba una propuesta de programa de gobierno, y con este se debía presentar al candidato que lo liderará, y estructurar al movimiento (AP) para afrontar las elecciones. Este hito se sigue aplazando, será en Octubre han dicho. Nada está definido.


Entre los asuntos concretos que se deberán enfrentar, aquí planteo algunos. Primero, hay que afrontar un momento difícil en lo económico, y hay que hacerlo con absoluta claridad sobre los intereses que se enfrentan, y las limitaciones estructurales de la economía, el ambiente y la sociedad. El trabajo y el empleo son el principal tema a debatir en la coyuntura. La producción y la debilidad del sector externo son los grandes pendientes estructurales. Se ha generado una base de infraestructuras y servicios (productividad), y de capacidades (con retornos a mediano plazo) para sostener un nuevo modelo económico. Pero no se ha logrado aún cambiar la matriz productiva. Es necesario encauzar el cambio de modelo económico con base en el conocimiento, la ciencia y la tecnología, apostando por lo social y solidario, por la agricultura familiar y campesina.


Segundo, hay que consolidar el nuevo país. Los principales logros de la Revolución Ciudadana están en el desarrollo social y el talento humano. Es necesario profundizar en eficiencia, calidad, calidez, y sostenibilidad. Junto al pacto social, se requieren pactos fiscal, ambiental y cultura. Ecuador ya cambió, pero el país que se deja no es aún el país que queremos. La pobreza se ha reducido, pero aún no se la ha erradicado. Por eso la lucha sigue. Para construir el Buen Vivir se necesita mejor Estado (planificado, eficiente y eficaz, democrático, libre de corrupción), responsabilidad en la acción privada (con mercados regulados eficientemente), solidaridad en la comunidad, pero sobre todo más sociedad (participación ciudadana con diálogo y debate permanente, control social, poder popular).


Tercero, hay que profundizar en inclusión, equidad y justicia social, y para eso en justicia económica y ambiental. Gran parte de la sociedad aún sufre de exclusión, violencia y discriminación. Ecuador no ha superado el modelo colonial, patriarcal y racista. La crisis es de valores: consumismo, individualismo, degradación ambiental y segregación social. No se necesita únicamente una buena gestión de obras ni alcanza con una buena política pública, sino que, además, se requiere de la capacidad para direccionar un cambio cultural para el Buen Vivir.


Pensando el programa y el escenario, y volviendo ahora sí a los nombres, no queda duda que la mejor opción es la de Lenin Moreno. Siempre en consideración de su capacidad de generar y ampliar alianzas (programáticas), de dar continuidad pero con criticidad. Hay que entender que es un nuevo momento.


Ver versión publicada en Diario El Telegarfo (3 de marzo de 2016): http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/columnistas/1/programa-y-candidato-para-presidente

Por: @andresmideros


El capitalismo ha llevado a la humanidad a un estado de crisis, trastocando los valores. Fracasó sin embargo, y en buena hora, en lograr “el fin de la historia”, el pensamiento único, la resignación al mundo en que vivimos, en hacer que olvidemos que el mundo actual es fruto y construcción de un proceso histórico y social, de imposición de “vencedores” sobre “vencidos”. Fracasó en convencernos que “el dinero es más importante que la vida”; fracasó porque los últimos años están cargados de indignación. Indignación que llevó al surgimiento de gobiernos progresistas de izquierda en América del Sur, y ahora en la Europa del Sur.


En Ecuador, 10 años atrás se escuchó el grito de “fuera todos”. El pueblo ecuatoriano, indignado, salió a las calles como “forajidos” a exigir que nos devuelvan el Estado, que nos dejen de mentir. Salió a decir que el poder es del pueblo, y no de unos pocos acomodados. Hace 10 años fue el detonante de luchas sociales por derechos campesinos, de mujeres, de pueblos indígenas y afros, de indignación con la corrupción. Hace 10 años se gritó “ya basta” a la sucretización de la deuda de Osvaldo Hurtado, a los escuadrones volantes y los “desaparecidos” de Febres-Cordero, al “ven para mearte” de Nebot, a los privilegios para la oligarquía y el olvido al pueblo, al feriado bancario de Mahuad y Guillermo Lasso, a la mentira y traición de Lucio Gutiérrez y compañía.


Esa indignación permitió, lo que antes no era posible: unir, ilusionar, construir un nuevo proyecto de sociedad; una nueva Constitución que funde una Patria para todos y todas. Hace 10 años se encendió la llama para construir un nuevo Ecuador, altivo y soberano, incluyente, con oportunidades y derechos para todos y todas, no para unos pocos privilegiados. Se dio un cambio de época, cambió la vida de las personas. Ahora, se construye un nuevo país, se transforman estructuras; eso toma tiempo. Se está cambiando un Estado y una sociedad que como herencia de la colonia mantiene prácticas patriarcales, corruptas y racistas. Se está cambiando una economía capitalista que excluye y empobrece por una economía social y solidaría que incluye y (re)distribuye. Se está cambiando una sociedad a la que se le dijo que la libertad es la del mercado, que cada persona compre y venda lo quiera (como si todo, hasta la vida, fuera una mercancía; y como si todos tuviéramos las mismas oportunidades; no se pensaba redistribuir para competir en igualdad), por una sociedad en la que entendamos que la libertad de uno empieza junto a la de los demás, dónde se entiende que mientras una persona no cuente con las oportunidades y los medios para una vida digna, toda la sociedad es pobre. Los logros, a la fecha, son muchos e innegables; los pendientes, las tensiones y las contradicciones también; el camino es el adecuado, se lo puede mejorar. No me voy a detener en eso ahora, pero salga y vea: el país ya cambió, no es el que teníamos hace 10 años.


Hace 10 años, se los sacó, se fueron, pero no del todo. Ahora, cuando se habla de “restauración conservadora”se habla de esos personajes y de esas prácticas que buscan regresar. ¿Dónde están?… en todos lados. Esa no es la pregunta de fondo. Pensemos que al caricaturizar el término o ubicarlo en un lado u otro, el juego se lo hacemos al pasado. Al recordar y reflexionar sobre los 10 años de la “rebelión de los forajidos” hay que pensar si se quiere volver a ese pasado del que logramos liberarnos.


La memoria es frágil, y más cuando se aplaude a quienes “no les interesa la historia”, a quienes dicen “las ideologías no importan”, a los que señalan que “no es un tema de izquierdas o derechas”. Discurso que pretende que nada cambie (de derechas), para tratar de minimizar las luchas por cambiar el mundo (de izquierdas). Reduciendo, es la lucha por no cambiar la economía, la sociedad, la política, el ambiente… que triunfe el capital, el dinero. Ahí no importa la ideología, ni la historia. Y es que la “restauración conservadora” (permítaseme usar el término) aprovecha la fragilidad de la memoria, el tiempo (que siempre desgasta), y las tensiones y contradicciones propias de la política; pero además aprovecha los logros alcanzando que permiten que la llamada “clase media” aumente y mejore, que no vea ahora el riesgo de empobrecimiento; la manipulan para que se “sienta” oligarquía, y que defienda intereses que muchas veces no son los suyos. Que frágil es la memoria, y que terrible es olvidar la historia. Así se aprovechan (las derechas) para decir que no importa la política (las ideologías) y que dejemos de reflexionar; y buscan, con éxito en algunos casos, convencer con “nuevos” políticos lights de mil colores (tampoco me detendré en esto ahora, pero salga y vea los resultados de “votar sin ideología”), o con viejos políticos (de feriados bancarios y escuadrones volantes) que ahora dicen ser los mayores defensores de derechos.


¿Las ideologías importan? … ¡claro que importan! ¿La historia importa? … ¡claro que importa! La historia enseña errores y aciertos, y explica porque estamos donde estamos. La ideología, la política, señala a dónde queremos ir. Las ilusiones nos movilizan. A 10 años de ese momento de indignación, de “forajidos”, hay que reflexionar sobre el país que se construye, los logros y los pendientes, las tensiones y contradicciones, los riesgos y amenazas, el pasado que quiere volver porque nos olvidamos de lo que era. A 10 años de haber dicho “fuera todos”, es importante regresar la mirada para entender los cambios logrados, y claro para reflexionar sobre lo que falta, lo que hay que corregir, lo que hay que profundizar.

Por: @andresmideros


En tiempo de “feriado”, entre guaguas de pan y colada morada, la Corte Constitucional dio paso a la vía de “enmienda” (es decir a través la Asamblea Nacional) a los cambios a la Constitución, propuestos desde la Asamblea Nacional; con excepción de aquel que se refiere a la “acción de protección”. No voy a entrar en el análisis jurídico, dejemos a los y las jueces. Pero diré lo mismo que en 2011: “la historia juzgará”. Sin embargo, es importante reflexionar sobre las formas, ya que estas, muchas veces, son tan (o más) importantes que los fines. Por otro lado, no entraré en el análisis de cada propuesta de enmienda, porque ya lo hice en una entra pasada. Sobre la reelección indefinida también ya opine, en otra entrada, pero es importante volver a contextualizar la discusión ya que es en esta “enmienda” en la que se centra el debate.


Las formas. Todo es perfectible, en ese sentido bien se puede pensar en enmendar la Constitución para mejorarla. Una virtud de la Constitución de 2008 fue la forma en que se la aprobó: vía referéndum. Hacerlo de esa manera daba legitimidad, además era la forma para guardar coherencia con el proyecto de sociedad propuesto. El trámite de las enmiendas a la Constitución a través de la Asamblea Nacional es legal, dice la Corte Constitucional, pero eso no excluye la posibilidad de hacerlo a través de referéndum (ver Art. 441 de la Constitución). Los y las asambleístas son representantes electos democráticamente y bien pueden ir adelante con la reforma, hacer cambios que sean necesarios en la Constitución para perfeccionarla. Sin embargo, hay temas en los que no se debería limitar la participación ciudadana; la construcción de “poder popular” se da permitiendo que sea la sociedad, en su conjunto, quienes tomen las decisiones. Hacerlo en la Asamblea Nacional puede ser legal y pragmático, pero quizá no es la mejor manera de hacerlo. Personalmente pienso que siempre es mejor más democracia deliberativa, participativa y directa, solo de esa manera se logra cohesionar a la sociedad en un proyecto común, de lo contrario la polarización continúa entre quienes se sienten representados por unos/as u otros/as o por ninguno/a. Todavía estamos a tiempo.


En el fondo. Como lo dije en una entrada anterior quienes se oponen a la reelección indefinida son, en su mayoría, quienes no quieren perder indefinidamente. En principio, no hay contradicción con la idea de democracia, en la medida en que las elecciones sean transparentes, igualitarias y periódicas. Muchos países tienen reelección indefinida y nadie lo critica. Pero creo que la reelección indefinida no es adecuada en el Ecuador. Es necesario fomentar la alternancia, la creación de nuevos liderazgo, la (re)evolución de los proyectos políticos, el cambio generacional y evitar la reproducción de proyectos personalistas. Sin embargo, no se debe desconocer liderazgos y la necesidad de dar continuidad a procesos de transformación. Estoy en contra de la reelección indefinida, pero creo que una sola reelección puede ser muy poco. Hay muchas opciones en la mitad, y vale analizarlas y debatirlas. Por otro lado, considero que es importante poner el debate completo. Hay que discutir y reformar las “reglas de juego” del proceso electoral. Hay que garantizar igualdad de oportunidades, controlando el gasto y las formas de financiamiento de las campañas electorales, hay que establecer debates obligatorios entre candidatos/as, hay que reducir el tamaño de distritos electorales para acercar al o la candidata al electorado, hay que hacer obligatorias las elecciones primarias (con voto secreto y control del Consejo Nacional Electoral). Si vamos a discutir la reelección, hay que hacerlo completo. Todavía estamos a tiempo.


Pero ahí no termina el feriado. No sé si comieron guaguas de pan o tomaron colada morada, pero para eliminar cualquier duda, aquellos que quieren “restaurar” el pasado se reunieron y se sacaron fotos. Con banquero a la cabeza, y aplausos de su público. Representante del poder financiero que controló el Estado y llevo a la crisis financiera de 1999, que aprobaron (sin consulta) la Constitución de 1998, que declararon feriado bancario, salvataje bancario, y dolarización, empobreciendo a gran parte de la población. Ahora se toma foto junto a un grupo de políticos, “nuevos/as” y “viejos/as”. Llama la atención la mezcla: César Montufar, Auki Tituaña, la Izquierda Democrática (que lejos de intentar retomar su camino, se hunde más), la Democracia Cristiana, y otros conservadores que pretenden “restaurar” un Estado para el beneficio del buen negocio y la “libertad de mercado”. Lamentable que quieran, ahora, ser voceros de una consulta popular, cuando bien sabemos que nunca consultaron nada. Si alguien tenía duda, ahí están:


restaruracion conservadora


Hay otros que también añoran el pasado. Lo hacen tanto, que lo quiere inmortalizar. Supongo que en su “mundo”, en su “vida”, es algo que les trae buenos recuerdos. No lo sé, pero parece que a la “oligarquía” le gusta que le limpien los zapatos, y si es un/ niño/a da igual; si el niño/a está descalzo, es normal. Llegan al punto de hacerle estatuas a la pobreza, a la explotación infantil, y la celebran, de la mejor que pueden, tomándose una foto con aquel niño que le limpia el zapato. No me digan que las cosas no han cambiando. Mientras este señor hace eso, el Gobierno, el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) está realizando un despliegue impresionante en las Jornadas Nacionales de Desarrollo Infantil. Pero parece que el alcalde de Guayaquil (Jaime Nebot) no ha entendido nada. No me digan que son lo mismo. Y Quito no se queda atrás; otro alcalde, de las juventudes social cristianas (las de Febres Cordero y Nebot), plantea la privatización de espacios públicos (son recursos privados los que financian la remodelación de estaciones del trole, sin que se difunda los términos de estos acuerdos), la reducción de impuestos a grandes propietarios, la reducción de la autoridad pública, y trae relaciones peligrosas (con aquellos a quienes solo les gusta el dinero, "dime con quien andas ..."). No se ha explicado la relación con Luís Muñoz Orozco (involucrado en lavado de dinero y relacionado con el cartel de Sinaloa). Y claro, tampoco se le ocurrió mejor lugar, a Mauricio Rodas, para estas “relaciones”, que hacerlo en centros infantiles.

 

Nebot y rodas

 

Con guagua de pan y colada morada, las reuniones de quienes quieren un país para el buen negocio, y las acciones de los oligarcas con aire de monarcas, son el mejor aliado para impulsar la reelección. En los últimos años el país se ha transformado, para bien. Se ha recuperado el Estado para el servicio a la ciudadanía, se reduce la pobreza y se genera igualdad, se construyen oportunidades. Hay que consolidar ese proceso y evitar retrocesos; en el camino el gran reto sigue siendo el poder popular. Así pasamos el feriado, esperando que dentro de los movimientos y partidos políticos, pero sobre todo desde la ciudadanía se vayan dando espacios para consolidar y defender un proyecto de sociedad que nos incluya a todos y todas.

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